un espacio para los que viven sin manual

sábado, 31 de diciembre de 2011



Feliz 


martes, 13 de diciembre de 2011

12 de Diciembre: Cumpleaños 190a Gustave Flaubert - (Francia)


(Ruán, Francia, 1821 - Croisset, id., 1880) Escritor francés. Hijo de un médico, la precoz pasión de Gustave Flaubert por la literatura queda patente en la pequeña revista literaria Colibrí, que redactaba íntegramente, y en la que de una manera un tanto difusa pero sorprendente se reconocen los temas que desarrollaría el escritor adulto.
Estudió derecho en París, donde conoció a Maxime du Camp, cuya amistad conservó toda la vida, y junto al que realizó un viaje a pie por las regiones de Turena, Bretaña y Normandía. A este viaje siguió otro, más importante (1849-1851), a Egipto, Asia Menor, Turquía, Grecia e Italia, cuyos recuerdos le servirían más adelante para su novela Salambó.
Excepto durante sus viajes, Gustave Flaubert pasó toda su vida en su propiedad de Croisset, entregado a su labor de escritor. Entre 1847 y 1856 mantuvo una relación inestable pero apasionada con la poetisa Louise Colet, aunque su gran amor fue sin duda Elisa Schlésinger, quien le inspiró el personaje de Marie Arnoux de La educación sentimental y que nunca llegó a ser su amante.


Los viajes desempeñaron un papel importante en su aprendizaje como novelista, dado el valor que concedía a la observación de la realidad. Flaubert no dejaba nada en sus obras a merced de la pura inspiración, antes bien, trabajaba con empeño y precisión el estilo de su prosa, desterrando cualquier lirismo, y movilizaba una energía extraordinaria en la concepción de sus obras, en las que no deseaba nada que no fuera real; ahora bien, esa realidad debía tener la belleza de la irrealidad, de modo que tampoco le interesaba dejar traslucir en su escritura la experiencia personal que la alimentaba, ni se permitía verter opiniones propias.
Su voluntad púdica y firme de permanecer oculto en el texto, estar («como Dios») en todas partes y en ninguna, explica el esfuerzo enorme de preparación que le supuso cada una de sus obras (no consideró publicable La tentación de san Antonio hasta haberla reescrito tres veces), en las que nada se enunciaba sin estar previamente controlado. Las profundas investigaciones eruditas que llevó a cabo para escribir su novela Salambó, por ejemplo, tuvieron que ser completadas con otro viaje al norte de África.
Su primera gran novela publicada, y para muchos su obra maestra, es Madame Bovary (1856), cuya protagonista, una mujer mal casada que es víctima de sus propios sueños románticos, representa, a pesar de su propia mediocridad, toda la frustración que, según Flaubert, había producido el siglo XIX, siglo que él odiaba por identificarlo con la mezquindad y la estupidez que a su juicio caracterizaba a la burguesía.
De esa misma sátira de su tiempo participa toda su producción, incluido un brillante, aunque inacabado, Diccionario de los lugares comunes. La publicación de Madame Bovary, que supuso su rápida consagración literaria, le creó también serios problemas. Atacado por los moralistas, que condenaban el trato que daba al tema del adulterio, fue incluso sometido a juicio, lo cual lo decidió emprender a un proyecto fantasioso y barroco, lo más alejado posible de su realidad: Salambó, que relataba el amor imposible entre una princesa y un mercenario bárbaro en la antigua Cartago.
Su siguiente gran obra, La educación sentimental (1869), fue, en cambio, la más cercana a su propia experiencia, pues se proponía describir las esperanzas y decepciones de la generación de la revolución de 1848. Su última gran obra, Bouvard y Pécuchet, que quedaría inconclusa a su muerte, es una sátira a la vez terrible y tierna del ideal de conocimiento de la Ilustración.
La abundancia de los trabajos que posteriormente se han dedicado a Gustave Flaubert, y en particular a su estilo, confirma el papel central que desempeñó en la evolución del género novelístico hasta la mitad del siglo XX.



Cumpleaños 190a Gustave Flaubert
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lunes, 31 de octubre de 2011

ni Primavera ni Otoño...

La parte de mis venas españolas sienten la llegada del Otoño, mientras en mi Ciudad de Buenos Aires, aun no se despide el Invierno a pesar de estar bien entrada la Primavera... me mata ésta indecisión del clima que se ha vuelto tirano y esquivo, y acabo de leer un post de mi amigo Paco... Farero,  que me toca el corazón, porque el otoño ha llegado a su alma por la misma razón que de la mía no parte el invierno... Tal vez nuestras madres nos lean, desde más allá del horizonte.
Por él he recordado éstas letras, y a él se las dedico:






Con su paisaje lánguido y melancólico, sus días lluviosos, el viento y la caída de las hojas secas, el otoño parece condenado a ser el tiempo de la tristeza. Una estación de partidas y no de encuentros, como si con las hojas de los árboles se cayese esa alegría instantánea y amorosa que, según rezan las costumbres, comienza con la primavera. Pero aun cuando para la imaginación colectiva el amor y la belleza lleguen con la primavera, ¿quién podría resistirse a enamorarse bajo una lluvia de otoño? Seguramente no W.B.Yeats, el poeta irlandés, que en Los cisnes salvajes en Coole (1919) escribe sobre la belleza de los árboles en otoño, una estación que lo deslumbra con sus colores y su misterio. Donde los corazones aún no maduraron y la pasión y la conquista se mueven a su antojo, aún cuando el suyo está en esta época muy dolorido. Y si el amor es también sufrimiento, más se asemeja al otoño en las palabras del poeta francés Paul Verlaine, para quien los largos sollozos de los violines de otoño hieren mi corazón con languidez. Entre el amor y la revolución, el escritor ucraniano Mykola Chvylovj (1893-1933) llamó Otoño a la compilación de algunas de sus novelas cortas, inspiradas en la resurrección de Ucrania: un renacimiento que llegará después del otoño.Los chinos realizan un festival días antes del comienzo de su otoño, al que consideran la época del cambio y del advenimiento de mejores tiempos. Esa creencia está fundada en una antigua leyenda: la del Festival de la Luna. .Cuenta la leyenda que en el principio de los tiempos la Tierra estaba regida por diez soles, que poco a poco fueron secando los ríos y matando a todos sus habitantes. Desesperado, el emperador Jade pidió al dios Hou Yi que lo ayudase a quitar los soles del cielo. Hou Yi atendió su pedido y les ordenó a los soles que desapareciesen. Pero éstos se negaron y el dios no tuvo más remedio que destruirlos, derribándolos uno a uno con sus flechas.Pero por pedido de su esposa accedió a dejar en el firmamento uno de los soles, con la condición de que brillase y diese calor solamente durante una determinada época del año. Así, el reinado de los cielos quedó en manos de la Luna, motor de las siembras y cosechas. Con la llegada del otoño, se recuerda la historia en que la Tierra fue salvada del calor del sol.Para Borges, el otoño pudo ser simple mente una estatua. Como relató la escritora Silvina Ocampo en los Cahiers de LHerne (1964), Borges pasaba sus vacaciones en Adrogué, más precisamente en el Hotel Las Delicias. A algunos metros del hotel había un jardín y una casa misteriosa con cuatro estatuas de tierra cocida, que representaban las cuatro estaciones.Cuando iba a verlo a Borges a Adrogué, a cualquier hora, visitábamos las estatuas -relata Ocampo-. No podíamos descubrir quién habitaba la casa hasta que, finalmente, descubrimos que allí sólo vivían las estatuas. Al tiempo, Ocampo descubrió que la casa se iba a demoler y le hizo una promesa al escritor: Le prometí a Borges que las iría a robar o a comprar. Era difícil, hasta imposible, porque nunca se veía a nadie en esta vivienda. ¿A quién, entonces, proponerle la compra? En cuanto al robo, no tenía sentido soñar con él: perros fantasmas ladraban cuando uno se acercaba a las estatuas.Finalmente -prosigue Ocampo-, le rogué a alguien a quien no desvelaban las estatuas ni los perros ni los fantasmas, que las comprase o las robase. La persona en cuestión las compró. ¿A quién? Nunca lo sabré. A los perros que ladraban, seguramente. Las cuatro estaciones viajaron cuatro horas en ferrocarril y llegaron a nuestra casa de campo, el Verano sin brazos, la Primavera sin nariz y sin flores, el Invierno decapitado y el Otoño sin senos.En el poema más famoso de T.S.Eliot, La tierra baldía, el poeta no duda en afirmar que abril es el mes más cruel mes de primavera para el hemisferio norte, nuestro octubre. Cruel por ser el mes en que la tierra se abre de par en par para dar sus frutos. El otoño, a diferencia del invierno que como dice el poema, nos mantuvo tibios, y aún del verano que nos tomó por sorpresa, bien puede ser una estación menos dolorosa y más plácida. Y que aunque parezca desprovista de flores y tenga peor prensa, conserva su encanto para dejarnos abrazar . 






sábado, 1 de octubre de 2011

Al triste





Ahí está lo que fue: la terca espada 
del sajón y su métrica de hierro, 
los mares y las islas del destierro 
del hijo de Laertes, la dorada 
luna del persa y los sin fin jardines 
de la filosofía y de la historia, 
el oro sepulcral de la memoria 
y en la sombra el olor de los jazmines. 
Y nada de eso importa. El resignado 
ejercicio del verso no te salva 
ni las aguas del sueño ni la estrella 
que en la arrasada noche olvida el alba. 
Una sola mujer es tu cuidado, 
igual a las demás, pero que es ella.


Jorge Luis Borges



miércoles, 21 de septiembre de 2011

Feliz Primavera

Hoy no hay palabras, sólo renacimiento


viernes, 2 de septiembre de 2011

Algo sabe mal...


Algo sabe mal...

Soñamos con oasis, nos mueve el espejismo, pero al final “hay lo que hay”...
 (Esteban Peicovich)


            Nos quedamos desnudos y ahora clamamos por políticas que nos arropen. Pero existe éste desvivir tan hondo, y éste desmadre social, y éste espanto confirmado, y los ojos de los desesperados ancianos, y las manos vacías de los niños irredentos...y esa certeza de lo que ya no somos... y la latencia del cambio pedido a gritos. 
         El escalofrío atraviesa las instituciones cuando se nos olvida la práctica diaria de la Constitución, y todo está muy impreciso (porque “todo” está confuso). El Planeta y su rara gente inquieta se pierden por senderos que se bifurcan... Los países claman, la Tierra tiembla.
         En ésta escasa nueva era ya tantísimos golpes nos han dado una pátina de tiempo  y de experiencia. Se anuncian meros anuncios, se planean ayudas que no funcionan, se prometen fantasías de efecto mágico, el Papa advierte, la violencia se reitera ineluctable, el mundo se pregunta, y el dirigente anquilosado no sabe, no contesta... mas el pueblo ya ha dejado de dormir, aunque aun no se despierta del todo. 
         La máquina del tiempo dejó de ser una posibilidad, los primeros estados modernos le hacen la guerra a la edad media en África, mientras la extrema tecnología nos oprime la sensibilidad. Somos una mueca de lo que queremos ser y la calle es un espejo pincelado de globalización que atraviesa los siglos. Metidos entre nosotros pequeños dioses ofrecen un devaluado ejercicio alentador de dudosa dignidad, que ya fue condenado de antemano por el calendario.
Pasa el presente...pasa el futuro, y resiste el pasado que permanece en exhibición como una mariposa disecada, colgada cabeza abajo a modo de ejemplo provisto desde  ideas lejanas. Pese a tantas víctimas, y tantos sueños exaltados, el lobo de Hobbes sigue asediando al cordero de Rousseau.
¿Esto es por la religión?, ¿es por la cultura?, ¿es por las drogas?, ¿es por el petróleo?, ¿son las armas?, ¿es por el dinero?, ¿son las tretas de las noticias?, ¿es el propicio Nostradamus?, ¿es el queso...el ratón?, ¿qué cosa es ésto...?
La familia está en crisis, las ciudades en babia, la historia fracasa, el mundo arriesga todo, y el “hombre” gime por dentro y sangra por fuera sin entender.
El invierno se generalizó en el planeta, ¿cae la postrer nieve sobre la última sangre?, o ¿son más plagas de Egipto que se obstinan sobre la humanidad?.
Imposible responder.
Como la lluvia, las calamidades se suceden, mientras nos empapamos de ellas.  Sólo con mirar la actualidad por televisión y desconocer los motivos de esta tanatología, cada día estamos siendo cómplices.
¡Basta!, algo no ajusta, no ve, no hace, no modifica, no resigna, no se limpia, no se conmueve, no se respeta, no se justifica, no nada... pero por sobre todo se resiste al cambio de paradigma. Algo sabe mal...
Hacen falta voluntades para desactivar odios y fortalecer el espíritu de la especie. Hacen falta esperanzas, hacen falta porvenires. Hace falta entender (como en el verso de J. Donne) que: “la muerte de cada ser me disminuye, porque yo soy parte de la humanidad”.
No obstante, cada vez más fuerte, se pueden escuchar algunas voces que entonan la canción: ¿quién dijo que todo está perdido?, yo vengo a ofrecer mi corazón... ¡Escuchemoslas! 



miércoles, 17 de agosto de 2011

tiene Manuel...


Foto: Playa de Nerja. Andalucía: Octubre 2008




Tiene Manuel unos ojos muy oscuros, casi negros, orillados de aceituna como la sombra andaluza, aunque sus orígenes sean extremeños. Me ha explicado más de cien veces, que aunque cercano,  no es lo mismo lo uno que lo otro, pero yo sigo escuchando su castúo tan similar al andaluz que no los termino de diferenciar. Tiene Manuel esas pupilas: dos saetas capaces de fusilar o volverse ese faro con el que quieres guiarte para siempre, cuando las lágrimas son irremediables. Tiene Manuel unos brazos que te estrechan sin dudarlo para que te refugies en ellos, para decirme ¡Ay mi niña, ¿qué no haría yo por ti?!  Y una se pone a llorar mucho más, hasta calmarse, como resucitando. Unas manos que cocinan para el mejor paladar. Y esa generosidad que le cubre el alma, y que me la cubre a mí…
También, como todos, tiene sus días bravos, que son para olvidar. Tanto como yo.
Tiene Manuel esa magia que hace que mi risa brote intensamente, inmensamente (con nadie como con él). Me ha obsequiado cientos de veces, cosas que nunca podré compensar.
Tiene Manuel, además, ese dulzor madrileño que tanto me gusta a mí. Tal vez sea por eso que es tan caro a mi corazón ese lugar que habita y que habitará por siempre jamás.
Es como  esos amores que se quedan en lo ideal, que no sufren decadencias, que no se echan a perder y que sólo han nacido para perdurar. Son ideales, sustantivos, de película. Te pueden llenar el corazón y robar el alma, pero no son para ésta tierra, porque son tan poderosos que en el día a día pueden llegar a asfixiar.
Son un milagro con el cual uno puede aprender que el verdadero amor es eso: dar y soltar, para volver a recoger, acaso un año después… unos días más tarde…unos meses adelante. De la estatura de lo perfecto, de lo eterno, porque lo eterno no es lo cotidiano. Eterno es lo que elegimos para llevarnos dentro al momento de partir. Para agasajarnos cuando estamos dispuestos a sintonizar, sin reclamos, con grandeza, con locura.
Dicen que las almas gemelas sienten de éste modo el amor. Que pueden tocar el cielo y el infierno con la misma intensidad, y que, si se encontraran, no pasarían los días de ésta vida pegados el uno al otro, porque sólo se resiste a la eternidad tomándola en copa pequeña. Es un amor soberano que incluye la soledad, el contacto de los cuerpos en el amparo de ser libres y al mismo tiempo ser uno solo. Es un vínculo que explica la etimología de la palabra a-mor, porque si amor es ausencia de muerte, entonces es inmortalidad. Es difícil estar a la altura de los acontecimientos en situaciones así. Es arrollador, es desbordante, es doloroso, e ineluctable y magnífico. Querer ponerle palabras es intentar definir lo sagrado. ¿Quien podrá?...
Como en los amores góticos, hoy confieso que he vivido la gloria y la pena de conocer el laberinto de la inmensidad. Benditos somos aquellos que lo podemos narrar.
Tiene Manuel, ese don… por eso hoy no intento escribir puntillosamente, en forma perfecta, ni revisar lo dicho. Hoy soy un borbotón, una espada que se fija en la piedra para perdurar. Hoy no ejerzo el oficio, ni pienso en quién me leerá. Hoy he abierto las compuertas de las emociones para gritar.
Yo que confié en las metáforas más sublimes, que busqué el adjetivo perfecto, el camino de la absoluta lucidez a la hora de contar, hoy soy un ventarrón, el ojo de un huracán, y también un simple lirio que trata de sobrevivir.
Hoy soy todas las mujeres que supe o pude brindar, más las que deseo ser,  reunidas en ésta carta que lanzo a la mar, para que él la pueda hallar.