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jueves, 15 de abril de 2010

mis gitanos verdes, y..."A la sombra de un leon"

Llegó con su espada de madera
y zapatos de payaso a comerse la ciudad,
compró suerte en doña Manolita
y al pasar por la Cibeles quiso sacarla a bailar
un vals como dos enamorados,
y dormirse acurrucados a la sombra de un león,
que tal, estoy sola y sin marido,
gracias por haber venido a abrigarme el corazón.
Ayer a la hora de la cena
descubrieron que faltaba el interno dieciséis
tal vez disfrazado de enfermero
se escapo de Cienpozuelos con su capirote de papel.
A su estatua preferida un anillo de pedida
levanto en El Corte Inglés
con él, en el dedo al día siguiente,
vi a la novia del agente que lo vino a detener.
Cayó como un pájaro del árbol
cuando sus labios de mármol lo obligaron a soltar,
quedó un taxista que pasaba
mudo al ver como empezaba la Cibeles a llorar
y chocó contra el Banco Central,
y chocó contra el Banco Central,

y chocó contra el Banco…

Letra de Joaquín Sabina
Imágen mia en Madrid (Oct.08)

Ana y Joaquín..."a la sombra de un león"...para disfrutar

viernes, 9 de abril de 2010

mis gitanos verdes, nuevamente chocolate y carmín

 Mira la luna – dice Marisa
¿Qué le pasa?
Nada, está llena. Y maravillosa. Plenilunio.
¿Y qué? Suele suceder cada cuatro semanas.
Lo mira y se calla. Más allá de la terracita del chalet la luna se refleja en la piscina de la urbanización y al mismo tiempo cabalga por las copas de los árboles. A Marisa le gusta el desdoblamiento de la imagen, paralela a la suya: Marisa junto a Juan Franco, estrechándola contra él, Marisa corriendo por el firmamento, persiguiendo a una luna burlona y hermosa.
Desde niña le había atraído el azogue del astro, le había fascinado ese resplandor frío que entraba por su buhardilla de Madrid y, más tarde, cuando llegó a la pubertad, nunca consiguió dormir bien una noche de luna.
Esta noche no voy a dormir bien, por su culpa.
No vas a dormir en absoluto, pero va a ser por culpa mía.
Precisamente lo que no me gusta: aprovecharme de éstas ocasiones, Juan Franco. No me gusta estar contigo en ésta casa. Vente tú a mi departamento, ese es únicamente mío y no lo comparto con nadie. Ya tomamos algo juntos, me mostraste tu casa, hemos conversado un poco y punto. ¿Te vienes?
La mira furioso.
La tuya es una actitud francamente hipócrita.
¿Ya sabés que estoy casado, o no lo sabés?
Me da igual que me llames hipócrita. Ésta es también  la casa de tu mujer y el hecho de que hoy no esté aquí no justifica…
Ésta es mi casa, la pagué yo y hago en ella lo que me da la gana.

Y así había comenzado a sentir simpatía por ella…por esa mujer ausente y muda, y a prever -a lo lejos- como empezaba La Cibeles a llorar…y ése abril a enfriarse…




miércoles, 31 de marzo de 2010

mis gitanos verdes, con rouge y chocolate

A mí en el fondo me daba mucha risa todo aquello, sobre todo desde que me había comentado lo de los calcetines (repite Conce)
¿Qué calcetines? (se asombra Marisa)
Si, mujer. ¿No te lo he contado nunca?. Que siempre llevaba calcetines blancos de esos mulliditos y gruesos, como para hacer deporte. Incluso con trajes oscuros, encorbatado y todo…él siempre con sus calcetines blancos de deporte, a veces con una rayita azul y roja en el borde. Hasta que un día le pregunté por qué, y me contestó que era por su mujer, para facilitarle las cosas, pues metía toda la ropa blanca en el programa más fuerte del lavarropas y no tenia que andar haciendo montoncitos aparte con los diferentes colores. Total, toda la familia con calcetines blancos…
A mi, aquella sumisión me mosqueó bastante, pues no era su estilo. ¡Qué tiranía! ¿No? A partir de aquel día no pude mirarle los pies sin sentir una oleada de compasión. Hasta que me dí cuenta que él, lo de los calcetines, se lo devolvía de otra manera: engañándola ¡Qué fuerte esto de los matrimonios!
Familia unida jamás será vencida, ya sabes (sonríe Marisa). A propósito, a mí otros calcetines me hundieron una relación que empezó muy bonita, con un tío que me gustaba mucho.
¿Y por qué?
Pues, porque la primera vez, que también fue la última, no se los quitó, así de fácil. Eran grises de color ratón, nunca se me olvidará. Te va a parecer una exageración, pero fue verlo desnudo con aquellos calcetines que le subían hasta media pantorrilla y quitárseme las ganas, todo uno, te lo juro.
Eres una exagerada, todo lo basas en la estética.
Lo reconozco, pero el amor con calcetines, ¡jamás!

Y se largan a reír como dos locas. Y se preguntan de cuantas anécdotas podrán reírse en adelante con esto de que ya no les gusten los hombres. Si es que ya no les gustan…