un espacio para los que viven sin manual
martes, 24 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
mis gitanos verdes, como lo diria mi abuelo
Hijo de mis entretelas
Antes de comenzar el mundial de fútbol (una más de las putas efímeras alegrías argentinas) nos habíamos lanzado a las calles, colgándonos al hombro una desacostumbrada euforia nacionalista que coloreó el país, poniéndonos los pelos de punta – a algunos- al saber que ya éramos Bicentenarios y seguíamos tan chitrulos.
Entre tanto alborozo, del que participamos en Ciudad de Buenos Aires (si, porque yo también me tomé mi dosis, y muy contenta) varios millones de personas, hay que destacar que hubo orden, esmero y buenos espectáculos. Pero como siempre, luego de las trompetas, para no perder la costumbre, los políticos y algunos medios (dignos hijos de Satanás) buscaron torcer la contienda por todos conocida, saborizando nuestros días con las mentadas ausencias y/o presencias de las majestades de turno, y la pulseadas de siempre.
Y así seguimos las mañanas, las tardes y las noches, embargados por la efímera costumbre de instalar banderitas en los autos, y en algunos balcones, no sabemos bien por qué, pero –lo más probable- sea porque se la hemos visto poner al vecino, que vaya a saber a quien vio hacer lo mismo, hasta meter violín en bolsa y volver de Sudáfrica con el rabo entre las patas. Y ahora, a elegir nuevo director técnico de la selección nacional, y a ver quién le toca el curro. Porque según parece, sólo cuestiones como éstas hacen que nos molestemos, un poco, en tratar de averiguar nuestro ADN social, permanentemente ignorado.
Menudo trabajo, porque si hay países hijos de tantos padres, el nuestro es uno de los máximos. Suenan, por ahí, algunas preguntas sueltas: ¿quiénes somos?, ¿de qué estamos hechos?, ¿qué hay que hacer?, ¿cómo se pudo llegar a esto?.Suenan, si… y suenan fatales, y además ¡a quien le importa! si “Dios es Argentino”, y si es por paternidades… que nos lo cuente nuestra santa iglesia, y el matrimonio gay, y la policía metropolitana, y el patrimonio de Los K, y los multimedios, y la corrupción, y los piqueteros, y los asesinatos, y las leyes cajoneadas, y el hambre y los mocos de nuestros niños, y la desenseñanza, y los colectiveros matadores, y los cartoneros, y el tránsito, y los vecinos que estacionan donde se les canta el culo, y los atormentados jubilados que esperan 4 ó 5 meses un turno prodigado por algún medico de PAMI (y eso si es urgente), y los cortes de luz, y las garrafas que no se consiguen, justamente cuando hace éste frío de muerte ¡claro!…y toda la puta mierda que vivimos a diario. Decir que estamos repodridos es algo así de chiquito.
Para más datos, a éste volumen de desasosiegos se suma la indiferencia generalizada. Esa indiferencia que nos quita el aire, que nos violenta y atemoriza, porque somos indiferentes frente a los derechos del otro, frente a las normas de convivencia, frente al respeto humano, a la voluntad de las mayorías, frente a otras maneras de pensar, frente a los vivos, y frente a los muertos.
Y la bronca… la bronca que nos inunda cotidianamente, porque la bronca es el sentimiento más compartido por los habitantes de éste mundito celeste y blanco. Y esto ya no debería verse como algo negativo, pues todos tenemos sentimientos hostiles o negativos frente a la bestia humana que anda suelta, aunque tendemos a taparlos. Pero tener bronca es un signo de algo más, mucho más, y debería verse como un aviso: “no me gusta lo que me estás haciendo”; “préstame atención”; “devuélveme la dignidad”; “no me ignores”; “trátame como merezco”, “respétame, soy un ciudadano”, porque ya no somos niñitos asustados que nos llenamos de bronca para llamar la atención, aunque nos traten como a imbéciles.
Los terapeutas aconsejan que no debe ser temida la bronca, sino tratada de entender.
¡Motivos de sobra! Vivimos tironeados entre lo qué es, y lo que nos enseñaron qué debía ser y no será jamás.
Pasamos de la ilusión al desencanto con una velocidad desesperante. Y para peor de males hemos perdido la alegría como pueblo. Nos tiramos de los pelos, agrios y grises, desguarnecidos y a la intemperie, gritando como polluelos, reclamando por N vez, un milagro, como si se tratara de que bajaran los superlagartos de“V” a cambiarnos el país; o por un efecto UFO del cual sólo podríamos ser espectadores, como es nuestra costumbre.
No me extrañaría que si eso ocurriera, como buenos pelotudos, nos pusiéramos a aprender su idioma, para hacerles monerías y caerles de putamadre. Acaso, hasta los convocaran a “bailando por un sueño”, como bicoca cultural para demostrar los entretenidos que somos, porque frente a los viajeros nos pasamos tratando de demostrar que venimos de otra parte (lejos de Latinoamérica), de la misma que vienen ellos. ¡Si es de pena!
Como dice la canción. “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Pero ¿cuál es nuestra verdad?... ¿que somos un puñado de lobotomizados?... o ¿que todo nos importa un huevo?
Que pasa: ¿hay un desquite del karma latente argentino que nos lleva a éstos estados de ánimo, que no nos permite cantar la victoria, ni llorar la derrota?
Dan ganas de gritar: no es la economía, ni la política, ni el clima…ni la madre que nos parió ¡necios! Somos nosotros, ni más ni menos, que ya estamos muy peludos, pero insistimos en usar los cortos. A ver… ¡por los dioses!, si dejamos la “meme” y nos convertimos en una sociedad madura.
PD: mi abuelo también diría ¡estoy hasta los cojones! (con permiso de mi amigo Hasta)
jueves, 8 de julio de 2010
mis gitanos verdes, y los sentires
"Dale limosna, mujer,
que no hay en la vida nada
como la pena de ser
ciego en Granada"
(Francisco Alarcón)
(Francisco Alarcón)
En estos momentos me vienen a la mente los versos de Federico García Lorca:
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
Una vestida de verde,
otra de malva, y la otra,
un corselete escocés
con cintas hasta la cola.
Las que van delante, garzas
la que va detrás, paloma,
abren por las alamedas
muselinas misteriosas.
¡Ay, qué oscura está la Alhambra!
¿Adónde irán las manolas
mientras sufren en la umbría
el surtidor y la rosa?
¿Qué galanes las esperan?
¿Bajo qué mirto reposan?
¿Qué manos roban perfumes
a sus dos flores redondas?
Nadie va con ellas, nadie;
dos garzas y una paloma.
Pero en el mundo hay galanes
que se tapan con las hojas.
La catedral ha dejado
bronces que la brisa toma;
El Genil duerme a sus bueyes
y el Dauro a sus mariposas.
La noche viene cargada
con sus colinas de sombra;
una enseña los zapatos
entre volantes de blonda;
la mayor abre sus ojos
y la menor los entorna.
¿Quién serán aquellas tres
de alto pecho y larga cola?
¿Por qué agitan los pañuelos?
¿Adónde irán a estas horas?
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
Debajo de éstas banderas, con el cielo por testigo y La Alhambra por aliada, una pregunta fue hecha, y una respuesta dada.
(fotos del 2010)
domingo, 13 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
mis gitanos verdes, rosas y palabras
"La palabra ahogada bajo las rosa"
Francis Ponge
Foto: "Jardines del Generalife". La Alhambra. Granada
(foto Susana Inés Nicolini, Mayo 2010 )
Una rosa, ya de por sí, es excesiva,
como varios platos superpuestos ante un mismo comensal.
Es excesivo llamar a una hija Rosa, ya que es quererla siempre desnuda,
o bien en traje de noche, como cuando enrojece bajo las arañas de cristal,
perfumada por muchos bailes, radiante, emocionada, húmeda,
cubierta de gotitas y con las mejillas como fuego;
coloreada lo mismo que un biscote tostado por el horno.
La hoja verde, el tallo verde con reflejos de caramelo y las espinas
—¡Santo Dios! ¡De aspecto muy distinto al caramelo!— de la rosa,
son de gran importancia para el carácter de ésta.
Existe una forma de vencer a las rosas,
parecida a lo que se hace cuando se ponen espolones de acero
a los gallos de pelea, para ir más rápido.
(...)
Esta sería la sustancia de las flores: una carne mezclada con sus ropajes,
como modelada toda ella de satén.
Cada una, a la vez vestido y muslo (seno y blusón, además)
se puede tomar entre dos dedos —¡en una palabra! tocar como tal;
acercar, alejar de la punta de su nariz; abandonar, olvidar y volver a tomar;
preparar, entreabrir, mirar— y marchitarse en la necesidad
de una sola equimosis terrible de la que ya no se levantará:
con acre valor efectúa una especie de vuelta a la hoja
—el amor emplea, en cada muchacha, por lo menos,
algunos meses hasta llevarlo a cabo…
¡Abiertas, al fin! ¡Calmadas sus crisis de neurastenia agresiva!
Este arbusto batallador, erguido sobre sus espolones,
y que hincha su plumaje, perderá rápidamente algunas flores…
Una superposición matizada por platillos.
Un levantamiento de tiernos escudos alrededor del pequeño montón,
de un polvo fino, más precioso que el oro.
Las rosas son, en una palabra, como las cosas en el horno.
El fuego de arriba las aspira, aspira la cosa
que se dirige hacia él (fijaos en los soufflés)…, quiere pegársele;
pero no puede avanzar más que hasta un cierto lugar:
entonces ella entreabre los labios y le envía sus emanaciones gaseosas,
que se inflaman…, así es como enrojece y ennegrece,
luego la cosa hecha humo y se inflama en el horno:
se produce como una eclosión en el horno y
Esta es, también, la razón por la que hay que regar las plantas,
ya que los principios húmedos, sobornados por el fuego,
arrastran a continuación suya los demás principios
de los vegetales hacia su elevación.
Con el mismo impulso, las flores entonces destapan
—definitivamente— su frasco.
Todas las formas de hacerse distinguir les son buenas.
Dotadas de una conmovedora enfermedad (parálisis de los miembros inferiores),
agitan sus pañuelos (perfumados)…
Ya que, para ellas, en verdad, para cada flor,
el resto del mundo parte incesantemente de viaje.
(Traducción anónima)
viernes, 4 de junio de 2010
mis gitanos verdes, un viaje y muchos sueños (tres)...
Ruta de los Nazaríes
(entre Chamberí y Devoto)
Esta ruta, dedicada a los protagonistas del importante capítulo final de De la situación creada surgiría en Arjona un caudillo, fundador del linaje nazarí, que, tras habilidosas y prolongadas maniobras, lograría consolidar un estado propio y establecerse en Granada. El camino de la ruta marcó para siempre el paisaje y los pueblos del Santo Reino de Jaén y de las tierras limítrofes de la provincia de Granada.
Visita primero las villas fortificadas y ciudades de los escalones de Sierra Morena. Se remansa, después, en las poblaciones de la campiña occidental de Jaén..Luego toma rumbo de las lomas del alto Guadalquivir, por Baeza y Übeda, para contornear Sierra Mágina y entrar en la capital jiennense. Y desde allí, su último trecho, conectando la cabecera del Guadalquivir y la vega de Granada, donde, al fin, el itinerario se rinde ante su destino lleno de luces y emociones.
El patio de los Arrayanes, el de los Leones, el Generalife, sus fabulosos jardines y el palacio renacentista de Carlos I, componen una armoniosa combinación de arte y naturaleza. Musa de artistas y poetas, la ciudad entera se reviste de ojivas, almocárabes, celosías, baños, fuentes y hermosas torres, como la de La Vela. ¡Que decir! de los Cármenes del albaycin y las cuevas del Sacromonte. Deteniéndose a mirar estos tesoros no resultan extrañas las lágrimas que derramó Boabdil, último rey de Granada…
(aqui van sólo algunas de las maravillosas imágenes que se pueden apreciar alli)
Quiero agradecer con éstos posteos a la persona que hizo posible que cumpliera uno de mis más anhelados sueños. A Manumar...y su gente.
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